Los tributos de la Casa de Granada

Fotografía: Julián Redondo

Texto: Pablo San Nicasio @pablosannicasio

 

La Casa de Granada, ese sitio en pleno Tirso de Molina más conocida por su cafetería de la última planta que por su inmediatamente inferior auditorio, celebró el pasado día 13 su fin de temporada flamenca.


A lo largo de los últimos diez meses fueron hasta seis los homenajes a diferentes leyendas del flamenco los que se sucedieron en su escenario. Para terminar, un recordatorio a Melchor de Marchena y Enrique de Melchor.

Dos capos de la sonanta que, además, fueron excelsos acompañantes. Todo encajaba para unir buen cante y guitarra y cogernos, además, unas más que merecidas vacaciones.

La velada giró en torno a los maestros sevillanos, lo que en otros géneros se conoce como “tributo”. Por un lado, las opiniones de Mariano Conde, padre e hijo, sobre las características de sus guitarras y el fuerte vínculo de los “melchores” con esta casa guitarrera. Por el otro, el cante de Rocío Díaz, intérprete de exquisitas formas que navegó por los estilos de cuatro puntales del cante muy del gusto de los tocaores: Mairena, Pastora, Caracol y Menese.

Y para remate, el toque de Antonio Reyes, discípulo y a la postre legatario de buena parte de la guitarra de Enrique de Melchor.

En cuanto al cante de Rocío Díaz hay que señalar su exquisita versatilidad para adecuarse a cada uno de los muy complejos soniquetes que escogió recrear. Primer punto, hay que saber mucho y tener mucha afición para, sin micrófonos ni excusas, ponerse a sostener cuatro metales tan soberanos y diferentes como los de Mairena, Pastora Pavón, Caracol y Menese. Precisa en todos los estilos, la petenera de Menese con la que terminó dejó el sabor de boca de una cantaora amplia y extremadamente conocedora de lo que se trae entre manos. Poderosa y mimética con los cantaores aludidos. Habrá que seguirla.

Sobre la guitarra de Antonio Reyes mucho y bueno que decir. Ágil, de importante solvencia acompañante. Junto con la de Pepe Núñez es hoy día sonanta referencia de cantaores en Madrid. Y como solista, estupenda en técnica y flamencura para acordarse, ya con su grupo al completo, de alguna de las más celebradas piezas de su mentor Enrique de Melchor.

Dos horas largas de recital donde de nuevo salimos con la idea de valorar el esfuerzo de una entidad sin ánimo de lucro pero sí con las ideas muy claras: recitales íntimos, sin microfonía y con la mayor de las dignidades. Lean muy atentamente esto: ahora, muchos de los cantaores que se amarran a sus cachés y no van a taquilla rehúyen espacios como este porque aquí dependen de su verdadero tirón y no hay decibelios para aumentar los quejíos. Con los años, es más que posible que veamos a estas iniciativas como las únicas apetecibles para comprobar quién es quién en esto del cante y el toque.

 

@chalauracom

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