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Bienal de flamenco de los Países Bajos 2017

Por Susanne Zellinger

 

En el filo del flamenco

 

 

La Bienal de Flamenco de los Países Bajos es uno de los más interesantes festivales de este género. Apuesta claramente por el flamenco contemporáneo, pero también le da su sitio al cante tradicional y a la guitarra. Dos semanas con un total de cuarenta espectáculos, en más de veinte salas, en ocho ciudades diferentes ya son todo un reto. Pero faltan todavía los cursos, las masterclasses, las conferencias y las películas. Eso sin hablar de los Pop-Ups, pequeñas actuaciones en la calle, en las estaciones del metro o en las entradas de los teatros. Hay días que llegan más de veinte artistas de diferentes compañías al magnífico Lloyd Hotel a Amsterdam, que es el centro de comunicación y la base del festival.

Se abrió el 13 de enero con una propria producción del festival en coproducción con la Cello Biennale Amsterdam, con artistas de primera categoría de España, Irán, Turquía y Países Bajos. Con el cante de Rocío Márquez que este año es “Artist in Residence”, el baile de Leonor Leal y el toque del celista austríaco-iraní Kian Soltani. Este concierto fue una experiencia única y de un nivel difícil de superar.

Pero ya estaba la vanguardia tocando a la puerta. La atrevida propuesta que tanta polémica había causado el día del estreno en la Bienal de Sevilla ofreció la primera sorpresa cuando bajó del taxi no el esperado David Lagos, sino Francisco Contreras “Niño de Elche”. Este cambio le dio otro rumbo a la obra y la convirtió en comedia. Es que lo que hace este hombre con su voz es difícil de explicar, hay que verlo y escucharlo. Canta bien incluso cuando canta mal y es un chupacámara que se come a sus compañeros a sangre fría.

La posición de Isabel Bayón es más difícil, pero tal vez tendríamos que mirar esta obra experimental desde otro punto de vista: Isabel Bayón es bailaora de flamenco e incluso es muy flamenca. En una escala de 1 a 10 le daríamos un 7 ó un 8. El 10 está reservado para Farruquito. Para los críticos fundamentalistas – que todavía tienen un sitio importante en el mundo del flamenco aunque últimamente se les critica también – parece que lo más importante es que el artista sea muy flamenco y todos los otros aspectos no están considerados. Y no estoy hablando de la ya obsoleta pregunta si algo es flamenco o no, porque Isabel es tan flamenca que nunca ha estado bajo sospecha. Es una de las joyas de la escuela sevillana y la alumna ejemplar de Matilde Coral.

Pero sobre todo es una artista que siente, cree y cambia. En los artes visuales la tolerancia frente al artista es mucho más grande y se aceptan los cambios porque son necesarios. Pensemos en los diferentes períodos de Pablo Picasso, empezando por el rosa, el azul hasta el período cubista etc. ¿Por qué habría de ser diferente con una bailaora? Cambiamos todos y el mundo también lo hace.

Los cambios en un artista a veces tienen una razón, por ejemplo una tragedia personal. El período azul de Picasso fue una reacción a la muerte de su íntimo amigo Carlos Casagemas y como consecuencia empezó a pintarlo todo en colores fríos como el azul para expresar su soledad y su tristeza.

Un cambio puede ser un resultado del contacto con otros artistas o otras formas de arte. Puede ser una vista atrás, pero también puede ser un análisis de la propia personalidad del artista o una investigación sobre sus miedos y preocupaciones.

El flamenco contemporáneo a menudo está basado en un concepto, igual que el arte conceptual. En el arte conceptual lo más importante es el mensaje de la obra y no la ejecución. Trabaja con el contexto, con el significado y con asociaciones. Para esto hay muchos ejemplos en el flamenco moderno. Pensemos por ejemplo en “Cuando las piedras vuelen“ de Rocío Molina. Se ve un vídeo de unos búhos muy grandes volando contra las rejas en una pajarera. Parecen llevar máscaras a través de las cuales observan la gente alrededor. Seguro que en estas imágenes Rocío se ve a sí misma y su lucha por la libertad en su arte.

Pués en Dju Dju pasa esto. No se cuenta una historia ni es una interpretación de diferentes palos. En el centro está Isabel Bayón y en este caso no la bailaora sino la persona con sus obsesiones y sus supersticiones. Y tal vez Isabel necesitaba liberarse de su corsé y bailar como le daba la gana, bajo los ojos de Israel Galván, claro está.

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Sea como sea, la nueva creación de Rocío Molina que también se estrenó en la Bienal tampoco está más cerca de los cánones del flamenco y también se centra en la protagonista como persona aunque de otra manera y ya estoy curiosa para ver lo que dirán los críticos cuando lo represente en Jerez durante el festival.

Largas y merecidas ovaciones cosechó Alfonso Aroca con la presentación de su disco “Orilla del mundo“ en el Bimhuis en Amsterdam. Sitio idóneo para este tipo de concierto o de “Jam session“. Alfonso y grupo tienen el swing, el groove, lo que en el flamenco se llamaría soniquete. Buena música, buena onda y todos salieron felices como perdices.

Lo bueno que tiene esta bienal es que posee un centro, un sitio donde pueden pasar cosas, estos momentos mágicos que se producen cuando no te lo esperas. La idea la tuvo Félix Vázquez, maestro del flamenco video clip, de reunir a ciertas personas en la cocina del Lloyd Hotel, entre ellos Diego Carrasco y Alfredo Lagos, que prepararon el puchero del festival a compás.

 

Y ese Alfredo Lagos que no sé que tiene, pero es el único guitarrista que me hace llorar. No es que sepa lo que toca, esto ya es para los famosos flamencólogos, pero me llega directamente al alma y se me abre el corazón. Es un toque tan sublime, tan especial y tan sensible que me fui andando al hotel, sola, para sentir todavía estas melodías que me gustaría conservar para los momentos tristes del día a día. Porque segurísimo que me alivarían mis penas. Y también me llevaré la voz efímera de Rosalía, Rosalía de mi alma.

Estoy emocionada, ya lo sé, pero mañana me toca hacer la introducción para “Made in Jerez“ en Utrecht en un teatro que me gusta mucho. A ver qué pasa.

Y pasaron muchas cosas. David Lagos es uno de los cantaores del momento. Su presencia en escena, su versatilidad y su sensibilidad para con los que lo rodean es remarcable. Lo da todo cuando canta solo y a la vez se contiene cuando acompaña al baile. Una propuesta muy bien pensada y mejor ejectutada que abarca todo el baile que ofrece Jerez con Mercedes Ruiz, Diego de la Margara y “El Zorri“. Magníficas como siempre las guitarras de Santiago Lara y Alfredo Lagos.

Al día siguiente el público de estas tierras mostró otra vez que es uno de los mejores del mundo. Con ovaciones y varios olés en el sitio adecuado jaleó al cante poderoso de José Valencia y al baile natural y expresivo de Antonio Canales. Juan Requena a la guitarra completó uno de los mejores conciertos de esta Bienal.

 

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