“Si no tengo ímpetu me aíslo y busco volver a ser un niño”

Bailaor que acaba de recibir el Premio Nacional de Danza pero que, sin embargo, no quiere dejar de ser un niño. Manuel Liñán (Granada. 1980) sigue en el territorio de la fantasía infantil y sin tampoco dejar de lado aquel ímpetu de sus años mozos con Pericet, Flores, Doña… los cuatro magníficos que revolucionaron parte del panorama del baile flamenco. Quedamos con él en su Carabanchel de adopción, desayuno antes del ensayo pensando en Jerez.

Por Pablo San Nicasio @pablosannicasio

Fotografías: MarcosGPunto


Enhorabuena Manuel. ¿Cómo fue la noticia?

“Muchas gracias. Estaba en Italia, me llamaron del Ministerio y me pasaron con una persona que me lo comunicó. Me tiré al suelo. Empecé a chillar y ya ni me enteré de lo demás. Llamé a mi familia… imagínate. Es un reconocimiento y treinta mil euros.

Un bailaor como tú, que llega arriba del todo ¿Sigue recibiendo apoyo?¿Sois una empresa solvente? Porque el dinero del premio imagino que no viene mal

“Recibimos apoyo pero siempre hay un porcentaje que tenemos que solventar nosotros. No obstante yo siempre he invertido en mis creaciones. Es algo que está dentro de la normalidad en mi modo de abordar los proyectos”.

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Es un palmarés al que no le falta nada, el tuyo

“Yo no tengo metas. Sólo mi próximo espectáculo. Si sigue eso tendré respeto, amor, ilusión… suelo dejar los premios a un lado para seguir sintiéndome responsable. A la hora de seguir trabajando y creando, los premios no me gusta tenerlos ahí delante”.

A lo mejor es porque conoces también compañeros que se han relajado con los elogios…

“Bueno, no lo sé.  Esto es algo que forma parte de mi ética profesional. Hubo un momento en que me di cuenta de que lo más importante para mí, como artista, sería la constancia. Había espectáculos que no tenían la repercusión que pensaba. Pero no me vine abajo y seguí empeñado y creando. Necesitaba crear y expresarme a través del baile. Otros quizá puede que se hayan confiado, no sé.  O han decidido no seguir ese impulso de crear, invertir…”.

¿Qué espectáculos fueron aquellos que no tuvieron todo el eco que esperabas?

“Cuando hice el espectáculo “Cámara Negra” con Olga Pericet, Daniel Doña y Marco Flores no vi lo que yo esperaba en repercusión. Sin embargo con “Nómada” seguimos trabajando y es una producción de 2014. No podemos trabajar pensando en la repercusión, luego siempre te llevas sorpresas, para bien y para mal”.

Sois una familia unida, vaya cuatro bailaores. Compañeros de piso.

“Hemos tenido la suerte de crear y casi crecer juntos. Somos una familia que vivíamos aquí en Carabanchel, en la calle General Ricardos. Se creó una amistad, compañerismo, fantasía… nuestras conversaciones eran una gozada”.

“Hubo un momento en que me di cuenta de que lo más importante para mí, como artista, sería la constancia. Había espectáculos que no tenían la repercusión que pensaba. Pero no me vine abajo y seguí empeñado y creando”.

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Eso ya no se lleva mucho, esa convivencia, no sólo a nivel humano. Ni siquiera artístico. Es un poco lo mejor que os pudo pasar. La unión hizo la fuerza

“Desde luego. Hacíamos trabajo constante y proponíamos lo que sentíamos”.

Se habla de generación de bailaores, pero quizá no es tanto eso como grupo de gente que llega a Madrid y explota a la vez. ¿Qué sucedió en el baile para que sucediera aquello?

“Tiene que ver con nuestra relación. Cuando estábamos viviendo juntos, teníamos necesidades comunes. Y una vez Olga Pericet nos animó a presentarnos al certamen de Baile, de Coreografía. Era el momento. No sabíamos qué hacer pero teníamos que movernos. Era el sitio y la causa. Ganamos el premio con dos coreografías diferentes. Construimos una compañía y p`lante. Fueron estímulos entre nosotros que dieron frutos”.

¿Sigues con ese vigor?

“Sí. Y si no la tuviera me aislaría y me convertiría en niño para hacer cosas sin pensar en el qué dirán. Cuando eres niño fantaseas, no piensas en la repercusión. Luego te metes en círculos sociales con prejuicios y eso no puede ser…”

Te iba a preguntar por bailarín o bailaor… pero ya sé la respuesta

“Es que me da igual. Yo sé quién soy y si tengo dudas me las quedo yo”.

Ahora con el premio, desde luego, se disipan bastante

“Cuando llevé bata de cola hubo mucho lío, pero uno reflexiona y se da cuenta de que no hay nada malo en nada de lo que hice.  Y luego te llevas alegrías, como cuando hice “Reversible” y se llevó el premio en Jerez. Fue un premio para todos los que se identificaran con aquella libertad”.

“Baile de autor” es lo que vas a presentar en Jerez, en febrero

“Es una fantasía. Para mí. Son cosas que siempre he querido hacer, bailar. Sin adornos ni bullicio. Son estampas independientes entre sí. Con una guitarra y un cantaor. Desnudarme y que quede sencillo. Con cante, baile y guitarra. Será un espacio atemporal. Un sueño”.

¿Por qué David Carpio y Manuel Valencia?

“David es un gran cantaor y se involucra en las escenas, hace suyos los proyectos. Aporta muchas ideas y se deja llevar por el mundo de la fantasía. Y Manuel porque quería arroparme con una guitarra que no fuera de acompañamiento a baile, él es más de cante. Sus formas me gustan mucho y la verdad es que estoy muy contento de nuestra conexión. Es muy responsable, se presta a hacer y deshacer. Y eso es fundamental”.

 

@chalauracom

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