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Un futuro próspero para Kiki Morente

 

Ha pasado más de una semana desde la presentación del disco de Kiki Morente y por fin encuentro un rato para sentarme a escribir la crónica. Estoy teniendo un otoño movidito. Como dice una amiga mía, se me acumula la vida. Esto de Kiki Morente fue el martes 14 de noviembre (2017) en la Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes (Madrid). Presentación por todo lo alto: escenario de lujo, discográfica gorda, medios de comunicación acreditados y abundancia de caras conocidas entre el público: Estrella Morente, Soleá Morente, Carmen Linares, Pitingo, Loles León. No sé si asistí al nacimiento de una estrella o no, no me atrevo a pronunciarme, yo sólo soy el fulanín que se ocupa de las tiras cómicas en esta web y estoy en mi derecho de escurrir el bulto y además la astronomía es una ciencia que tengo algo abandonada últimamente. Lo que sí les puedo asegurar yo a ustedes es que el contexto reunió todas las condiciones para el Big Bang. Por cierto, adivinar el nacimiento de una futura estrella, ¿es astronomía o astrología?

Kiki Morente es José Enrique Morente Carbonell (Granada, 1989), hijo de Enrique Morente y Aurora Carbonell, y su disco de debut se llama Albayzín (Universal Music Spain, 2017). Me van a permitir que, para completar la ficha, les calce aquí un pequeño corta y pega del email de Universal: «En su primer trabajo discográfico, de corte eminentemente clásico, acompañan a Morente las guitarras de Juan Habichuela, Pepe Habichuela, Rafael Riqueni, Diego del Morao, Juan Carlos Romero, Montoyita, Juan Habichuela Nieto y Juan Carmona “Camborio”, que ejerce además de coproductor del disco junto al propio Kiki y Estrella Morente». Buen ramillete de nombres, sí señor, al menos buen gusto sí que tiene nuestro alevín de cantaor para escoger guitarristas, y buen guitarrista también el que le acompañó en el Círculo de Bellas Artes: David Carmona, otro éxito más en la lista de esa fábrica de tocaores buenos que es Manolo Sanlúcar. A los demás músicos del otro día yo no los conocía, y Kiki Morente tampoco nos los presentó (o yo no me enteré), pero, si nos fiamos del cartel, los nombres eran estos: palmas y coros: Abraham Campos, Rafa de Pinos y El Popo, y a la percusión: Miguel “El Cheyenne”.

La actuación duró algo más de una hora y no dejó de tener su gracia. Kiki Morente, como ejemplar humano de género masculino, está bastante bien equipado por lo que se refiere a envoltorio: buen físico, bien parecido, el pelito arreglado. Verle en el escenario resulta agradable a la vista, y también al oído. El público no paró en ningún momento de jalearle y de llamarle guapo, sobre todo su hermana Estrella, exaltadísima en su asiento de la segunda fila. Estaba la primogénita que no se aguantaba de consanguinidad, vamos, y cuando Kiki dedicó unas palabras a su madre, allí presente también, saltó la tía (Estrella, no la madre) como una pantera para reivindicar su cachito de cariño:

—¿Y a nosotras no nos dices nada? —dijo (Estrella), refiriéndose a ella y a Soleá.

Y Kiki estiró su carita guapa en una sonrisa y no le quedó más remedio que atender a la demanda. Por supuesto, también se acordó de su padre, con el que, según nos contó, tuvo ocasión de compartir escenario en esa misma Sala de Columnas.

Hace unos días hablábamos en estas páginas sobre el carácter abrasivo de los genios y poníamos como ejemplo a Paco de Lucía y lo difícil que está hoy ser guitarrista teniendo tan reciente su paso por el mundo. Cómo vas a poder brillar cuando tienes tan cerca el Sol. Y si ya en condiciones normales no es fácil hacerle sombra al Sol, pues imagínate cuando el Sol es tu propio padre. Dicho esto, no me da a mí la impresión de que Kiki Morente viva con excesivo tormento el hecho de ser hijo de quien es. Lo veo más bien como esos toreros de dinastía que juegan al toro porque es lo que han visto en casa pero lo hacen más por pasar el rato que por pasar miedo. Quiero decir: no sé si para Kiki Morente cantar llega a suponer a día de hoy una necesidad ineludible hasta el punto de sentirse a sí mismo desperdiciado como persona si no canta. Esto no significa que no vaya a alcanzar su carrera niveles altos de brillantez, significa que él no va a disgustarse mucho si no los alcanza, y en esa misma línea veo a su hermana Soleá. La que sí goza de cierto estrellato es Estrella (y no es del todo gratuito el juego de palabras), aunque me parece que ella también tiene las cuerdas vocales sin exprimir a fondo. Últimamente prefiere hacer anuncios de perfumes caros para la tele, que, bueno, ésa es otra farándula en la que Kiki tampoco desentonaría, ya les digo que el chico tiene buena planta y es guapete, y si al final el flamenco no le funciona como espera, pues siempre puede probar con la moda, o incluso con Mujeres y Hombres y Viceversa. Por farándulas no será. Nosotros, en cualquier caso, le deseamos desde aquí el más próspero de los futuros, y sirva esta breve reseña a modo de ramita de romero.

Germán San Nicasio

Escritor

 

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