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El duende Djinn hace travesuras

con la inspiración de Jorge Pardo

Me dispongo a escribir esta reseña del último disco hasta la fecha de Jorge Pardo y lo hago con los sentidos bien abiertos. Fuera cerrojos. Fuera puertas y ventanas. Fuera todo. Y me voy de excursión por esas zonas no recorridas del ánimo y la conciencia, que diría el profesor Escohotado. Los engranajes de la alegría me funcionan un puntito más revolucionados de lo habitual y desde aquí arriba veo galaxias de luces y sistemas solares que juegan al buscaminas unos con otros y un cuarto de luna con su correspondiente estrella de seis puntas, como en el tatuaje de Camarón que Alberto García–Alix supo retratar mejor que nadie. Sí, amigos, los fármacos visionarios han generado algunas de las combinaciones de sonidos más hermosas jamás oídas por el ser humano y estar a la altura significa estar a la altura.

La melodía que resuena ahora por mis aposentos, tan adecuada a estas luces de colores que cruzan mi campo visual, es una producción de Jorge Pardo para Manantial de Músicas y se titula Djinn en honor al duende Djinn, una especie de genio de la lámpara al que uno puede pedir deseos y todo eso. Dicen que los genios de las lámparas siempre atienden si los invocas con el corazón y por motivos importantes, pero el Djinn de Jorge Pardo —por lo que apunta Jorge Pardo en el libreto de Djinn— parece que es más bien imprevisible y prefiere embaucar a obedecer, y el hecho de que tenga redondeces de mujer ya nos da una pista sobre su naturaleza indomable. No se pierdan la pinta de pantera que luce la duendecilla en la ilustración de la portada, obra de Ana Miralles. A ver quién es el guapo que se resiste.

Dicho esto, tampoco creo que Jorge Pardo tenga ninguna queja de ningún duende, al menos por lo que a inspiración se refiere. Le ha salido un disco de lo más estimulante y psicoactivo, como seguramente ya se habrán encargado de reseñar los que saben de esto, que para eso lleva este Djinn un año entero regalando buenos momentos al mundo. Por lo que puedo decir yo a partir de mi experiencia personal, he observado que el disfrute continuado de la música de Jorge Pardo repercute muy positivamente en los niveles hormonales, aleja las penas, contribuye al riego sanguíneo y restablece el vigor perdido, lo que aumenta la actividad social al tiempo que tonifica glúteos, y, en definitiva, que yo no conozco a nadie que haya sufrido un solo efecto adverso.

Otra cosa buena es que podemos elegir entre hacer un uso autodidacta del material o dejarnos llevar de la mano del propio Jorge Pardo, que, además de sonidos, también tiene buen gusto para combinar palabras y acompaña de notas explicativas los catorce temas que componen el surtido.

Por ejemplo, sobre la versión de Entre dos aguas que cierra el disco nos cuenta que no sabe cuántos miles de veces llegó a tocar la mítica rumba junto a Paco de Lucía, el montón de vueltas al mundo que se dieron, y una vez hasta soñó que iban de gira y al subir al avión vio que aquello no era un avión normal y le preguntó al guitarrista:

—¿A dónde vamos, Paco?

—A la Luna —respondió Paco.

Pues claro, a la Luna, a dónde iban a ir si no. Y apuesto a que no fue un sueño. Fue real. Para Paco de Lucía, igual que para Jorge Pardo, no hay luna que no quede todas las noches al alcance de la mano. Ese satélite mágico donde la eternidad y los corazones se funden para siempre libres de preocupaciones y tristezas, una vez que descubres la órbita secreta ya no necesitas ningún avión para llegar. «Estoy algo volado, mejor conduces tú», decía Hunter S. Thompson al principio de Miedo y asco en Las Vegas.

Por lo que se refiere a los instrumentos que toca aquí Jorge Pardo, flauta y saxos, son todos marca Yamaha, mira, igual que mi descalabrado Valentino (Rossi) —cuando empiezo con los chistes malos es que estoy feliz de verdad—, y luego la lista de artistas que integran el equipo es también un rato larga: José Manuel de Lucía, Yago Salorio, David Bao, Juan Pérez, Rafa M. Guillén, Santi Cañadas, Enriquito, David Carrasco, José María “Petaca”, Julián Heredia, Gaizka Baena, Tony Romero, Josué “Ronkio”, Josemi Carmona, Lin Cortés, La Negra, Bego Salazar, El Piculabe, David de Jacoba, Djinn (¿Djinn? Sí, Djinn), Alana Sinkey, El Pele, Tino Di Geraldo, “Bandolero”, Luis de Camarón, Robert Chacón, Rycardo Moreno, Sergio Salvi, Nano Peña, Diego Ain, Daniel Muñoz, Tomasito, Jesús Bachiller, Félix Estévez y Carlos Leal. Perdón si me he dejado a alguien.

Y creo que ya está. Todos necesitamos de vez en cuando ir de excursión a nuestro propio corazón, y por eso algunos acudimos a nuestro farmacéutico de confianza para que nos administre la ayudita oportuna. Un saludo a todos esos farmacéuticos sin licencia que nos hacen ameno el camino. Puede ocurrir que nuestro farmacéutico esté de vacaciones. No pasa nada, el Djinn de Jorge Pardo se basta por sí solo para transportarnos a la dimensión deseada y os invito a todos a que hagáis la prueba. Feliz viaje, amigos, y no olvidéis que la felicidad es mejor si es compartida. Yo me voy a quedar aquí un ratito más comunicándome con la eternidad.

Germán San Nicasio

Escritor

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