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“Hace falta apertura de mente para tolerar aquello se hace con ansias renovadoras”

La Quinta del Sordo y su realidad flamenca, además de difusoras de cultura jonda, se están convirtiendo en una cantera que descubre a cantaores interesantes, valiosos y con una afición encomiable. Caso de Gregorio Moya Lara (Argamasilla de Alba, Ciudad Real. 1985). Artista del que nos habló “Payo Humberto” hace unos meses y al que presentamos. Recomendable la escucha y visionado de su material flamenco online. De momento, vayamos con un nuevo flamenco de la Mancha.

Por Pablo San Nicasio  @pablosannicasio

Fotografías: Julián Redondo

¿Ya eres profesional?

“Vamos camino de ello. A ver si con el “Sol de Oro” de Lorca, que acabo de ganar, vamos afianzando ese objetivo”.

¿Qué nivel había?

“Muy bueno. Era un concurso que exigía muchas variantes  y estilos de cante y al que se presentó mucha gente joven haciéndolo muy bien”.

¿Tienes antecedentes flamencos?

“En la familia no. En mi pueblo aficionados de verdad y que se dediquen a eso están Alejandro Torres y el Niño de la Era, padre e hijo respectivamente. Este último ganó el Bordón Minero. Con ellos empecé de más pequeño. En mi pueblo hay afición, pero no muchos entendidos. Y, como digo, con ellos empecé a coger afición”.

¿Cuándo viste que aquello se te quedaba pequeño?

“Te das cuenta de que la Mancha no es el sitio para moverte en el flamenco. Al ser de Ciudad Real parece que te ponen una etiqueta, como si vinieras de tierra extraña. Es difícil abrirse paso. Estás lejos de todos sitios, como en tierra de nadie del flamenco. Así que la mejor manera que he visto de aprender, prepararme y coger cierto nombre es presentarme a concursos y, si puede ser, ganarlos, como este de Lorca. También estuve en Valdemoro, San Sebastián, Calasparra… no estoy en un círculo muy muy flamenco pero cada uno tenemos nuestras circunstancias. No tengo un padrino, ni he vivido cerca de una escuela flamenca, ni he nacido en una capital como Córdoba, Sevilla o Madrid, con lo cual la economía es un factor a la hora de tener el flamenco cerca, pero con lo que tengo no me queda otra que seguir”.

La estética morentiana, ¿Cuándo apareció en tu vida?

“Desde muy chico. Eso fue como un milagro. En mi casa no hubo entendidos de flamenco. Sí afición porque había cintas de grandes cantaores, pero no se me inculcó una estética concreta. Así que cuando escuché una cinta de Morente con la guitarra de Niño Ricardo, que cogí de la guantera del coche no pude parar ya. Me preocupé de escuchar todo lo de Morente. Era a todas horas. Trabajaba en el campo y estaba todo el día escuchando con los cascos su música…”

¿Qué tenía Enrique Morente en lo estrictamente musical que le hacía diferente?

“Yo creo que le ponía una personalidad al cante que entroncaba con su manera de ser. A mí me llega su cante de una manera más grande que con otros”.

A mí me han dado “collejas” algunos cantaores cuando hablaba bien de Morente. Ese concepto o no se tolera, o no se suele entender bien. Por eso es extraño lo tuyo.

“Bueno. Se puede cantar bien siendo payo y siendo gitano. Hay mucha cabezonería y terquería en ese sentido. Creo que el payo es cantaor más largo que el gitano. Habiendo excepciones, como Mairena, por ejemplo. Y no digo que los gitanos no canten bien, ni mucho menos. Pero por regla general son menos largos. Muchas veces por propia elección, ojo. Y luego entran los gustos de cada uno, por supuesto”.

“Hay que pensar que cuando uno quiere mejorar un cante no es malo. Queda el antiguo y queda el intento. Nada se pierde. Como los coches. Quedan los coches viejos y ahí tenemos las mejoras, circulando”

Se han muerto muchos grandes últimamente ¿ves regeneración posible?

“En los concursos he visto muchísimo nivel de la gente joven. Lo que sí veo es que ahora se lleva ganar concursos como la vía de ganarse la vida en esto. Ahora todas las peñas tienen su concurso. Ya no se estila tanto lo de subir a Madrid para ir a los tablaos. También se lleva mucho ir a escuelas de cante. Antes quizá había más personalidad porque había menos posibilidades de aprendizaje programado. Uno se tenía que juntar con Matrona, o Mairena, o este, o aquel para poder aprender. Enrique, por ejemplo, iba un poco por libre y de ahí su personalidad cantando”.

Sí pero los jurados valoran mucho los esquemas de artistas y modelos de cantes preconcebidos. Por poco personal y cuadriculado que pueda parecer… hoy se premia lo “perfecto”, no tanto lo original

“Sí, de hecho algún jurado me ha dicho que esa forma de hacer la minera de Morente, o esa forma de ese otro… que me vaya olvidando… supongo que será que no quieren que se pierdan sus estilos autóctonos”.

¿Te has planteado hacer un disco?

“De momento no. Requiere tiempo y dinero. Me lo han comentado y hasta ofrecido ayuda. Pero es cuestión de sentarse y plantearse qué trabajo quieres hacer. Y eso es algo que no he hecho de momento. Tiempo al tiempo”.

¿Qué aspiraciones tienes en el flamenco?

“Estar en el ambiente flamenco. Como lo de estos días con El Payo Humberto, vivir el mundo del flamenco en Madrid…”

¿Te planteas venir a un tablao aquí?

“Podría ser una opción. No lo descarto. En el tablao, eso sí, se concibe el cante más para bailar. Y he cantado para bailar, pero de otra manera. No tan continuada. El otro día estuvimos en Villa Rosa y vimos un espectáculo netamente de baile. Donde los cantaores y guitarristas, fenómenos, eran perfectos para ese rol”.

Más allá del flamenco Morentista y de sus contemporáneos, de lo antiguo ¿Qué te gusta?

“A través del cante de Morente conocí el de Chacón. Y ciertamente me gusta. No obstante los jóvenes no escuchamos, creo yo, el cante anterior a Mairena. Y es muy valioso. Es más, algunos casi sólo escuchan de Camarón para acá. Quizá nos falte ese pasito al frente, en cuanto a estudio se refiere”.

¿Está todo inventado en esto? A Enrique Morente se le considera de los últimos que quiso e intentó hacer verdaderas aportaciones personales en el cante.

“Yo creo que sí. Está todo estructurado. Se pueden sacar tonos nuevos, claro. Pero hacer un estilo nuevo de malagueñas o de granaínas… ahí me pierdo. Lo que sí falta es apertura de mente para valorar lo que se hacía con ansias renovadoras. Y hay que pensar que cuando uno quiere mejorar un cante no es malo. Queda el antiguo y queda el intento. Nada se pierde. Como los coches. Quedan los coches viejos y ahí tenemos las mejoras, circulando”.

Quizá lo que sucede es que en el flamenco es que cuando alguien quiere cambiar el arte que mueve los sentimientos, los afectados se sienten traicionados.

“Sí. Somos cerrados en el flamenco. Hay quien escucha a Valderrama y dice que no es flamenco. Lo que ocurre es que ese timbre no es normal, o mejor dicho, habitual, pero Juan Valderrama cantaba por todos los estilos de flamenco. Y muy bien además. Hoy a veces se exige un cante roto que, como decía Enrique Morente, algunos suenan muy bien, pero otros son ladrillazos. Parece que mientras no se rompa uno la garganta no vale”.

A veces llevas una guitarrista, ¿no?

Mari Cruz, de Moral de Calatrava. Alumna de Ricardo Fernández del Moral. Es muy joven y muy buena aficionada. Sin antecedentes flamencos pero toca muy bien. También le gusta Morente, nos juntamos y enredamos con el flamenco”.

@chalauracom

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