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Bendita chalaúra la de este niño

Expectación de estejambo por ver al Niño de Elche, aquel que salió echando pestes de las peñas flamencas,  en un sitio que no puede ser más flamenco que la Sala García Lorca de la Fundación Casa Patas de Madrid.

Algo está cambiando cuando sube al escenario un cantaor, en camiseta, con una calavera en el pecho. Después se la cambiará por otra que reza: Loca del Coño. Pero no adelantemos acontecimientos porque el Niño de Elche es todo menos previsible y eso es lo bueno. Miro a mi alrededor y veo los retratos de las leyendas del cante  que cuelgan de las paredes y pienso que lo tienen que estar flipando.

Enrique Morente : “En el cante flamenco no ha habido maestros sino discípulos”.

A partir de esta cita  el Niño díscolo del flamenco hace un tour por algunos de los cantaor@s que más  le han influido. “Una traducción en mis sonidos interiores”.  Y es entonces cuando nos hunde en la profundidad de  Juan Talega,  resuena el  quejío agudo en la Saeta de Paca Aguilera, el poderoso vibrato  de La Perrata,  la engolada voz de  Antonio Chacón y finaliza con un homenaje al recién desaparecido Manuel Agujetas.

“Es de los que más me han inspirado, ha tenido la actitud, que no  el discurso, más cercana a lo que yo quería llegar“.

Se nota que el Niño ha sido buen estudiante, sabe lo que canta, otra cosa es que lo haga a su manera. Conmociona asistir en cuerpo, garganta y vísceras al encuentro de la esencia sonora de estos maestr@s , pero es cuando hace suyo el cante del Agujetas cuando el eco me atraviesa. Puedo palpar el espeso metal de Manuel Agujetas expandiéndose por el cuarto de los cabales. Si en ese momento se me aparece en holograma, con su  cicatriz y dentadura de oro… mancho el pantalón en vivo y en directo oiga.

Aplausos a tutiplén. Este niño es un fiera. Ya nos tiene en el bote.

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El Niño de Elche busca el arte, no el que adorna  sino el que tiene el poder de revolucionar. El encuentro con la obra de Miguel Hernández ha sido crucial para plantarse ante lo establecido y hacer arte-r-acción, mensaje comprometido que remueve conciencias con el fin de transformar la realidad.

El tejido de su discurso es el quejido social. Y la libertad.

Menuda mujer de armas tomar fue la miliciana Rosario Sánchez. A Miguel Hernández le fascinó y la hizo inmortal en un poema que nos cantó, corazón en mano, el Niño de Elche a ritmo de Guajira. “Rosario, dinamitera, sobre tu mano bonita, celaba la dinamita, sus atributos de fiera”.  Mientras la cantaba me vino a la mente el nombre de Carlos Cano, artista de demostrada sensibilidad social del que se va hacer pronto un merecido homenaje en su Granada natal.

Y empieza la parte cañera  del “con cierto flamenco”. El Niño de Elche transforma una Soleá Apolá en  Soleá Aporrá  para seguir transmitiéndonos sus inquietudes desde el escenario y de paso aprovechar su cante para denunciar los humillantes desahucios que a golpe de porra siguen agrediendo la dignidad humana  en esta España mía, esta España nuestra.

“De la puerta de mi casa me sacaste arrastrando un deshaucio se paraba si no me estuvieras pegando”.

Ole tú. El arte del Niño de Elche es arte combativo, en primera línea  de trinchera. Impresionante, araña. Soy testigo de la fuerza del Niño en el escenario, sin rever, amplificación, ni imágenes de Telediario. Sólo su feroz aullido acompañado por la guitarra de Raúl Cantizano.  ¡De este poderío me fío!

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En la segunda parte del concierto el Niño de Elche sale enfundado en una camiseta que reza “Loca del Coño” y ningún cuadro se cae del susto oiga. Algo está cambiando y lo sabes.

Raúl Cantizano acopla un trío de ventiladores a la guitarra y empieza lo que denominaría la parte mantra del concierto, es decir, sobre un colchón de vibraciones sonoras el chamán Francisco Contreras, poemario en mano, nos lleva de su voz a un viaje al interior de la  tortura. Suenan los salmos de Ernesto Cardenal activista del movimiento la Teología de la Liberación y que fue Ministro de Cultura en Nicaragua después de la Revolución Sandinista. Otro amiguito del Niño.

Sigo pidiendo morfina y nadie me oye, grito toda la noche en la sala de enfermos incurables y nadie me oye”.  Los versos en la voz del Niño dañan. En ocasiones bebo. Y después … el silencio. Pocas veces he oído un silencio tan expectante. Algo está cambiando en los garitos flamencos cuando hay tanto respeto con el artista.

Su disco “Voces del Extremo”, en el que pone voz y música a los Poetas de la Conciencia, ha sido premiado por la prensa especializada como el mejor del 2015. Me pareció una gozada  oír “Informe para Costa Rica“ con letra de Antidio Cabal  y  “Nadie me conoce”  letra de Inma Luna, sin tanto sintetizador y efecto sonoro con que las interpretó hace unos meses en la sala El Sol.

Comenta que, como se ve, evita cantar flamenco clásico.

Pero esta noche, como debe de ser, hace una excepción y  tenemos la suerte de que se arranca por unas  “Cantiñas” que no pueden estar mejor cantadas. No puedo evitar pedirle voz en alto: ¡Unas bulerías! Me dice que no las tiene en el repertorio y se despide con “Canción de amor para San Sebastian”,  un tema inspirado en el pintor Bacon que al parecer le iba la marcha masoca en la cama y alrededores. Intenso, asfixiante, heavy metal.

Esta noche el Niño de Elche ha transitado un buen rato  por territorios bastante alejados de la frontera flamenca pero no hay que negar que lo que hace es cante del jondo… cuando llega tan hondo.

¡Bendita chalaúra la de este niño!

 

@esejambo

 

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