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Redacción Chalaura.com

 

Los últimos años para el guitarrista onubense Juan Carlos Romero han debido de ser, en lo sentimental, personal o humano, como se mire, bastante duros. Teniendo en cuenta que ha perdido a su padre y a, posiblemente junto con Manolo e Isidro Sanlúcar, sus mayores referentes flamencos: Enrique Morente, Félix Grande, Niño Miguel y Paco de Lucía, casi nada. Piensa uno la racha que lleva el flamenco y no nos explicamos como podemos tirar p´lante casi como si nada hubiera pasado…

Es tan grande la pérdida en el caso de este mayestático guitarrista onubense que su disco, no quedaba otra, tenía que llevar un poso de lamento mayúsculo. Y ya desde el título, “Paseo de los Cipreses” podemos hacernos una somera idea.

Comienza este triste pero, sobre todo, evocador y verde esperanzado paseo con la rumba “Paseo de los Cipreses” que a veces quiere ser cuplé por bulerías y que sin embargo resulta tremendamente densa en lo armónico. El prestigioso bandoneón de Marcelo Mercadante colorea un tema que, a la postre y junto con el acompasado final por bulerías, resultará lo más frenético del álbum.

“Gracias Innumerables” reconoce por bulerías el débito de Juan Carlos con la inmensa, inabarcable obra flamenca de Paco de Lucía. Algo que, seguramente, tendrán que hacer todos los flamencos, toquen o no, en sus próximas comparecencias. Sea a través del disco, del libro… Juan Carlos evoca en ciertos giros las Cositas Buenas del maestro y ahonda en la melodía, eso que a veces se nos olvida, mucho más que en el corte anterior.

“¡Ay Enrique!” lamenta por granaína al genio que hace casi ya cinco años dijo adiós, también sorpresivamente. Artista con quien Juan Carlos tuvo tanto en común y con el que compartió veladas y grabaciones. Este estilo, no muy cultivado por la militancia tocaora, toma verdadera fuerza a partir del minuto de duración. Y es ahí donde se encuentran falsetas mollares. El final del trémolo está lleno de flamencura y es la perfecta puerta al tema inicial.

La pérdida de Félix Grande fue otro mazazo tremendo para un flamenco, hoy por hoy muy carente de verdaderos hombres de letras que sepan poner por escrito y como se merece, las propiedades un arte como este. “Encogiéndome de Hombros” lleva por tangos, en registros graves, los vuelos de una guitarra que pone en suerte la gitana voz de Pedro “El Granaíno” y con ella una preciosa estrofa del puño y letra de Romero, que firmaba el mismísimo Jorge Manrique.

Decíamos que la pérdida paterna, algo siempre durísimo y demoledor, en el caso de Juan Carlos Romero debió de suponer también una carga en lo guitarrístico, siendo su progenitor aficionado al toque e impulsor inicial de la vocación de Juan Carlos. Así que quizá qué mejor que una taranta para romper definitivamente una lanza en favor de quien lo dio todo.

Con gran expectación y alegría vemos en los créditos “Vals Flamenco”, obra cumbre de su admirado y recordado “Niño Miguel”. La interpretación de Juan Carlos, a una guitarra, resulta solvente y excelsa en algunos momentos en los que nos aporta nuevas ideas de fraseo y armonización. No estamos tan de acuerdo en el fondo (no sabemos si teclado, sintetizador o qué) que se añade como relleno a una obra que, sin embargo y a nuestro parecer, sí admite perfectamente las percusiones escogidas.

“Se Canta lo que se Pierde” es una breve fantasía pero en nuestra opinión realmente la pieza más acabada del discurso de Juan Carlos Romero. Obra con reminiscencias clásicas, recuerda por momentos esencias de Brouwer y Turina. Impresionante y bella. A ver si nos hacemos pronto con una partitura.

“La vida al encuentro” son bulerías en tono mucho más festero, a pesar de ser en modo menor y en registro tonal, fuera del modo flamenco, que las dedicadas a Paco de Lucía. Mucha información armónica en el cierre de un disco que quizá baja un poco la energía con respecto a los anteriores. Imaginamos, quedan claras, las causas.

Disco que, suponemos también, habrá costado realizar porque, más allá de las tremendas vicisitudes que conllevan todos los trabajos de este tipo, cuando la vida te machaca tanto en tan poco tiempo, debe de ser verdaderamente difícil tirar de un ovillo creador y sacar rendimiento a un ya de por sí acreditado talento.

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