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Así se titula el primer álbum en solitario de Edsart Udo de Haes. Sí, lo sabemos, ese nombre suena a jazz, a blues, a new age tal vez pero… no, no nos equivocamos, es el nombre completo de un guitarrista flamenco que lo es, además, por partida doble. Flamenco por donde nace (Países Bajos) y flamenco por donde pace, al menos, su espíritu musical. Si a ello le añadimos por un lado su formación como guitarrista y por otro la “flamencura” que exhibe, ya tenemos a un flamenco que lo es “por los cuatro costaos”. Y para ser su primera vez no parece haberse puesto nervioso. Muy al contrario, se deja notar sin ningún tipo de alardes el dominio del instrumento, de su técnica. Como también la perfecta asimilación e interiorización del lenguaje flamenco en general y del particular de la guitarra flamenca, de sus recursos idiomáticos y de sus intrincadas posibilidades rítmicas y armónicas.Aludía antes a su formación como guitarrista, en la que también hubo sitio para explorar las posibilidades de la guitarra clásica. Y de ella extrae y aprovecha aquellos aspectos que mejor cabida tienen en el permeable universo flamenco. Sin debates absurdos, sin forzar nada, con sencillez, conjugando com maestría los recursos que necesita en cada momento y, lo más importante, de forma completamente imperceptible, sin interferencias.Verán, salvando la distancia que le concede el ser, por derecho propio, un concertista clásico consumado y de éxito del panorama actual, me viene a la mente la figura de José-María Gallardo Rey, quien representaría el caso opuesto al que nos ocupa. Guitarrista hasta la médula, el sevillano bebió del flamenco y aún lo hace. Con orgullo pero, al igual que Edsart, sin alardes. ¿Han escuchado su versión del Concierto de Aranjuez? No pierdan ocasión; es la mejor forma de comprender que guitarra flamenca y clásica no estuvieron nunca enfrentadas. Siempre serán juntas.

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Por rumba/tangos, por bulerías, por tangos, por alegrías, soleá por bulerías y por rondeña, Edsart nos va paseando por no demasiados palos; son suficientes. Y de ese modo, poco a poco, de menos a más, va fabricando con su arte unas bellísimas atmósferas sonoras salpicadas de soniquete y de compás que, como el frío del norte, te calan hasta los huesos. Para caldear el ambiente nos conduce a su hoguera armónica a la que no le faltan maderas de ninguna clase. Con toda esa leña consigue crear un fuego peculiar, con un perfume que conocemos, que podemos identificar y comprender, pero lleno de esa “luz polar” –¡qué frío, Dios mío!– a la que alude en el interior de su disco y que emplea con humildad para dotar a su obra de esencias y rasgos inequívocos de una personalidad flamenca que ahora le toca evolucionar sin prisa, pero sin pausa. Material tiene y de sobra .”A los maestros” es el título de la tercera pista de este álbum. Suponemos que es el homenaje que Edsart le rinde a cuantos fueron antes que él, a todos aquellos a quienes preguntó por los secretos recovecos del flamenco, a los que le enseñaron y de los que aprendió. Alguna influencia se deja sentir y eso es buena señal, porque siempre lo es dejarse aconsejar por esas voces sabias que manejan con destreza el saber flamenco. A nada que comienzas a escuchar y a dejarte llevar por los sones del disco, aparecen, sobre todo, aires “Vicenteros“, y brisas de sus maestros directos, Miguel-Angel Cortés y Jerónimo Maya, rasgos “Gerarderos” y les aseguro que hay lugares en los que se escucha la dulzura y la sobriedad del flamenco de Pepe Habichuela y eso, eso es “flamencura” de la que hoy escasea.Asistimos una vez más a la intervención del mestizaje, a la mezcla del agua de caños diversos, desde Holanda hasta Cádiz. Esa es la esencia del flamenco desde sus orígenes, un arte que ha tenido siempre la humildad de invitar a su casa al viajero de paso para ofrecerle todo cuanto en ella alberga, y la virtud de escuchar con atención las historias que aquel le aporta para, haciendo gala de su sincretismo, absorber, asimilar y hacer suyos los valiosos mimbres que aquel le entrega, traídos desde tierras lejanas y con los que ha tejido a lo largo de la Historia cada cante, cada ritmo, cada acorde, cada grito. Todo cabe, dicen, en el flamenco. En mi opinión, es más ajustado decir: casi todo.Y al hilo de esta reflexión, quisiera advertir algún detalle del disco que me parece importante reseñar. En mi opinión, el flamenco no fue nunca un medio de protesta. Nunca quiso enarbolar la bandera de la reivindicación de nadie, ya fuera persona o grupo, para quejarse a coro por nada. Sí, desde luego que hay queja y lamento en nuestro arte; la hay en una saeta, en una carcelera, en una minera y en la seguiriya. Una de las grandes, Tía Anica la Piriñaca, acuñó esta frase: “Cuando canto siguiriyas, la boca me sabe a sangre”. Es maravillosa ¿no les parece?. En ella reside casi toda la sustancia que da forma al flamenco.

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El flamenco no es porque sí. Necesita ingredientes “sine qua non” para tomar forma y ser creíble. Es el sentimiento que producen las vivencias personales el que se asienta en primer lugar en lo más profundo del ser humano. Luego sucede la reflexión e interiorización de lo vivido para, finalmente, sucumbir al placer de cuando aflora, a través del cante, esa voz interior, ese “quejío” que arranca desde lo “jondo” del espíritu para expresar con desgarro y provocar al “grito”. Vivencias tomadas desde un prisma personal, no grupal. Como si de una experiencia religiosa se tratara. Es, por tanto, un proceso individual de comienzo a fin, como el de un poeta, un pintor o un escultor. Por último, será la suma de individualidades, la amalgama de muchos cantes y de muchos “quejíos” lo que procurará al flamenco la condición de grupo y le dotará de su especial idiosincrasia. Dejemos aquí la “filosofía del flamenco”; ¡qué bonita asignatura para incluirla en los planes de estudio! En ningún momento ha sido mi pretensión mostrarme como un “purista”, ni cerrar a nada las puertas del cielo flamenco. Volvamos con Edsart y su disco que, en definitiva,  es un trabajo excelente, mucho más que digno, abordado con sobriedad y con humildad, sin incurrir en todos esos excesos que resultan, a la postre, tan letales para el flamenco. En sus manos hay condición, destreza y arte, gestionando con soltura aquello que en ellas le cabe, que no es poco, evitando abarrotarlas de elementos superfluos o innecesarios. Triunfa también a la hora de conectar sus manos con su mente, con su espíritu, con ese caldero invisible en el que se cuecen pensamientos musicales, sentimientos flamencos y toda suerte de emociones polares o sureñas. Fruto de ese maridaje entre lo filosófico y lo tangible es el nacimiento de un nuevo flamenco que, espero y deseo, provoque aluviones de habladurías y comentarios en versión digital, en papel, y hasta por las esquinas.Tomen nota por aquí quienes así lo consideren oportuno, que si no cuidamos de lo nuestro no van a faltar quienes desde lugares remotos tomen el testigo con mucho más que simple dignidad y hagan suyo algo que es tan nuestro.

TÍO CRITERIO, EL DEL FLAMENCO

 

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1 El cielo (rumba/tangos)

2 Perseas (bulerías)

3 A los maestros (preludio)

4 Un palmo de tierra (tangos)

5 Recuerdos de una noche de verano (alegrías)

6 Eeuwigelaan (fantasía)

7 A la vida nada le pido (bulerías)

8 Lluvia de Mayo (soleá por bulerías)

9 Tan agradecido (rondeña)

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